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Casi un millón de chilenos mayores de 31 años vive en la casa de sus padres

Según estudio de la U. Católica, sobre la base de datos de la Encuesta Casen, se trata de cerca del 10% de las personas que superan esa edad. Más estudios, precarización de las condiciones de ingreso al mercado laboral y adultos que regresan tras un divorcio explican el fenómeno.

Dejar la casa de los padres es uno de los ritos que marcan el arribo a la madurez de una persona. Un paso que en generaciones anteriores se producía antes de los 30 años.
Sin embargo, según una investigación del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la U. Católica, realizada para La Tercera, que analizó la Encuesta Casen 2015, más de 900 mil chilenos mayores de 31 años viven con sus padres. Se trata del 9,7% del total de los chilenos sobre esa edad.

El estudio revela que entre los 31 y los 40 años el 22,8% (482.506 personas) de la población de esa edad vive con sus padres, cifra similar a la de 2011, cuando la proporción era de 24%.
Para el rango de los 41 años y más, el porcentaje es de 6,0% (436.677 personas), proporción que en 2011 también era de 6,0%.

En el caso de los que tienen entre 25 y 30 años, el trabajo determinó que 767.412 personas vivían con sus padres en 2015 (47,4% de la población en ese tramo de edad). De ellos, el 50% son hombres y 45% mujeres, y el 54,4% tiene 13 a 16 años de estudios.

El fenómeno, dice Rodrigo Figueroa, académico de Sociología de la U. de Chile, retrata los cambios sociales de los últimos 20 años en el país y cómo la familia se ha reorganizado.
Eso se aprecia, añade Figueroa, en que muchos jóvenes emprenden e inician tardíamente una carrera. Eso crea un nuevo escenario familiar, que retrasa la salida del hogar paterno. “En relatos de emprendedores se repiten historias de cómo el vivir con sus padres facilitó independizarse y usar esos recursos en su emprendimiento”.

A ello se suma que los padres viven más tiempo. Chile es el país latinoamericano en que más rápido aumentó la expectativa de vida al nacer. Entre los períodos 1970-1975 y 2005-2010 pasó de 60,5 a 75,5 años en hombres y de 66,8 a 81,5 años en las mujeres.

“Sobre todo en la clase media, los padres a los 60 años trabajan y emprenden. Si trabajan, les dan más seguridad económica a sus hijos que están enfocados en emprender”, dice Figueroa.

Otro punto es el retraso en la edad del matrimonio. Hace tres décadas, las mujeres se casaban a los 24 años y los hombres, a los 27. Hoy, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, la edad de matrimonio es de 35,39 años para los hombres y de 32,65 años para las mujeres, lo que también retrasa la partida de la casa paterna.

Matrimonio e hijos se retrasan. “Ese núcleo de responsabilidades duras se traslada y se enfocan primero en el éxito individual y luego en un proyecto con otro. Se retarda la construcción de la propia familia y cuesta salir del entorno familiar”, agrega Figueroa.

Camila Mella, socióloga de la U. de Chile y doctorante en política social de la U. de Oxford, indica que jóvenes que aún viven con sus padres aumentan por cambios sociales y demográficos, como la expansión educativa. “Tanto en términos de logro educativo como de oferta educativa (de preescolar a posgrado). Además de tener programas muy largos. La titulación promedio se logra nueve años después de ingresar a pregrado”.

A ello se agrega la precarización de las condiciones de inserción al mercado laboral, “con alta informalidad, precaria red de protección social, bajos sueldos, entre otros factores”, indica Mella.

El divorcio es otra variable. “Tienen una serie de elementos restrictivos, como financiar los costos de los hijos, y una protección es volver a la casa de los padres”, dice Figueroa.

Nueva juventud

En este fenómeno ha colaborado la redefinición de juventud. “Nunca, en la historia, ha habido tantos jóvenes. Por ejemplo, hoy el Instituto Nacional de la Juventud considera jóvenes a las personas hasta los 30 años, pero durante los 90, este período terminaba a los 25 años”, señala Mella.

Adicionalmente, y producto de los cambios sociales, hoy el tamaño de los hogares es menor. “Se tienen menos hijos (1,9 por mujer), las tasas de divorcio y de separación son más altas, por lo que tras un quiebre se vuelve a vivir con los padres”, explica Mella. Lo mismo ocurre en la unión extramatrimonial.

Para Cristián Doña, director del Observatorio de Desigualdades de la U. Diego Portales, aún no están claros los efectos que este fenómeno tendrá a largo plazo. “No se sabe si cambia el sistema económico de manera amplia o si se hace una economía más solidaria”.

Es un tema en el que, por ejemplo, cabe preguntarse si las razones que llevan a un joven profesional a vivir con sus padres son las mismas que tiene un joven sin educación a seguir viviendo en el hogar de origen, agrega Mella.

“Hoy, en Chile la educación es muy cara, no se puede formar familia si te vas a educar, eso es totalmente distinto a como lo hicieron sus padres. Son manifestaciones de una sociedad distinta, Chile es otro”, dice Figueroa.

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Fuente: latercera.com

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