Opinión

Chile en la encrucijada

Chile registra indicadores de crecimiento económico promedio de sobre 3,5% a partir del 90, ha sido exitoso en la reducción de la pobreza por ingresos, por sobre el mundo, registra en 2019 más de 20 millones de pasajeros en vuelos comerciales, supera el millón doscientos mil personas en la educación superior, se vendieron en 2018, 417 mil vehículos nuevos 0 KM mientras nacían 243 mil niños y niñas, ocupábamos el lugar 25 a nivel mundial en el Índice de  Felicidad de Goland, siendo los primeros de América Latina en 2018 y nuestro índice de desarrollo humano del PNUD es el más alto de América Latina con el lugar 44 a escala Global, en categoría Muy Alto, equivalente al de los países desarrollados, tasa de riesgo más baja de la región, según JP Morgan y deuda publica baja de un 24% del PIB

Pues bien, que nos pasa entonces?!

¡Una gran estructura Macro, con una Micro de injusticias, postergados e invisibilisados!

Se desato una crisis social sin precedentes, la zona de confort y el paraíso de parte de la elite política y económica, no permitió conectar con los nuevos paradigmas y con las urgencias sociales que fueron postergadas más allá de lo que la moral y el “mínimo civilizatorio”, (según la definición de Bobbio) pudieron resistir.

Pero no escribo para sumarme a la catarsis, enumerar los abusos y desigualdades, ni para compartir un diagnóstico ya algo manoseado y una lista de supermercado con soluciones mágicas,  sino que lo hago en el afán de  invitar a unos a salir de la zona de confort, e impulsar los cambios con la sensibilidad y la empatía que requiere la reconstrucción de las confianzas y a otros para invitarlos a cuidar lo que tenemos, hoy no cabe un camino distinto al del cambio pacífico y por vías institucionales, que permita resguardar la convivencia democrática y civilizada.

Los cambios son primero éticos y la verdadera revolución debe ser una revolución ética, que reenfoque el ethos, la esencia y el deber ser de los distintos actores políticos, económicos y sociales hacia el bien común, a partir de un Estado reformado como parte de un acuerdo social y enfocado al papel de garante de justicia, dignidad como piso mínimo de igualdad en un real Estado de Derecho, lo que requiere lograr una mayor movilidad en la reducción de las desigualdades en el GINI después de impuestos, lo que es posible en la medida en que rediseñemos las estructuras presupuestarias y dotemos a las políticas públicas, para comenzar a guiarse en función de objetivos, objetivos específicos y contar con las variables e indicadores que permitan comprobar su eficiencia y eficacia en función del logro, haciendo uso de las nuevas tecnologías para pasar de la intuición a la precisión. Debemos a su vez pasar de una economía con rasgos de extractivita a una inclusiva, que contribuya a un desarrollo inclusivo y sostenible, haciéndonos cargo de los paradigmas que impone la cuarta revolución industrial impulsando economías con bases en el conocimiento, la ciencia y la tecnología, para incorporar valor y recuperar competitividad en cuyo índice global caímos 7 puntos en 2019 e innovación, cuyo índice mundial caímos 3.

Cuidado con las tentaciones refundacionales y las hojas en blanco, porque si no apreciamos nuestros progresos como base para edificar un Chile más justo e inclusivo, no será posible alcanzar un mayor nivel de desarrollo.

Si la macroestructura, es la base construida por todos y funciona con éxito, y la microestructura se llenó de abusos, a alguien le parece lógico destruir la microestructura?

La siesta de las instituciones políticas parece profunda y mientras algunos hablan de nueva Constitución, tienden a fijar el debate en el mecanismo y la legitimidad pero nadie pone los contenidos, algunos hablan de remplazar el Modelo pero no proponen ninguno alternativo, otros hablan de no más AFP, pero no se escucha una propuesta de un sistema previsional que haga justicia con las bajas pensiones y termine con los abusos del sistema, que sea viable, se escucha el fin al CAE y nadie propone un sistema de financiamiento.

Es hora que los partidos despierten dejen la política de las ventajitas menores y de buscar a quien traspasar la frustración de sus propios fracasos y recuperen su vocación de pensar a Chile.

Si las instituciones políticas y democráticas no son capaces de conducir los cambios, con sensatez, responsabilidad y a partir de propuestas serias, el futuro será cada vez más pedregoso e incierto y no quisiera aventurar ese destino para Chile.

 

Augusto Parra Ahumada

Presidente de la Fundación Republica en Marcha

 

 

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