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Claudio Bravo: El Mandamás de la Roja

Capitán y voz cantante del plantel, el portero, al que no le gusta que lo consideren un ídolo, lo domina todo en la Roja. Su fuerte carácter se moldeó con los años.

La cinta de capitán de la selección chilena ya lleva más de siete años en el brazo izquierdo de Claudio Bravo. El portero, que tomó el relevo tras la salida de la Roja de Marcelo Salas, se ha transformado en todo un emblema del combinado nacional dentro y fuera de la cancha.

Sin embargo, su periodo como capitán pudo ser más corto de lo que indica la estadística. Y es que Marcelo Bielsa, cuando estuvo al mando de la Selección, tenía otro nombre en mente para llevar la jineta. Para el rosarino, el hombre más indicado para suceder al Matador era Pablo Contreras, por su experiencia y ascendencia sobre el plantel. El técnico ya tenía decidido designarlo apenas terminara el castigo que pesaba sobre el defensor tras los incidentes ocurridos en Puerto Ordaz.

Lo que no contaba Bielsa era que el propio Contreras terminaría desechando la opción. No porque no deseara la jineta, sino que para evitarle un problema al propio técnico, a quien le lloverían las críticas por tal designación. “El propio Berizzo le comunicó a Pablo que querían que fuera el capitán. Pero el jugador prefirió negarse. Incluso se lo dijo primero a Claudio (Bravo), para que estuviera al tanto y supiera que no iba a ser capitán”, cuenta un ex seleccionado, que por esos años tenía peso en el camarín.

Fue la única vez en estos siete años que el liderazgo de Bravo en la Selección estuvo en juego. Ni siquiera los posteriores incidentes, como el Bautizazo, o el capítulo de los premios a repartir por la clasificación al Mundial de Brasil, pusieron en riesgo su condición. El arquero de Barcelona hoy ostenta de un liderazgo dentro y fuera de la cancha indiscutido. Nada se hace o se deja de hacer en la Selección sin su consentimiento. Y no teme enfrentarse a todo aquel que considere estar actuando contra  la Roja, como en su momento ocurrió con el humorista Stefan Kramer o, incluso, la propia ANFP, cuando decidió repartir entradas para ver en vivo el trofeo de la Copa América.

Nada parece escapársele. Siempre está preocupado de cada detalle que rodea a su profesión y a la Selección. Participa activamente en las tres principales redes sociales que hoy dominan al mundo (facebook, instagram y twitter). Fotos, posteos y comentarios se pueden apreciar a diario en sus distintos muros.

Eso sí que, cuando quiere dar a conocer algo que no le agrada, no le tiembla el pulso para escribirlo. Su plataforma preferida para expresar fielmente su pensamiento frente a ese tipo de situaciones es su cuenta de twitter, la que maneja personalmente, a diferencia de otros seleccionados que cuentan con gente a cargo de aquello. Desde allí ha enviado sus más potentes mensajes. Auspiciadores, rivales y hasta Blanco y Negro han sido blancos de sus críticas.

Su figura alejada de la polémica le da aún más credibilidad a sus comentarios en las redes sociales. Así, por ejemplo, se pudo comprobar en el caso del problema con Colo Colo, cuando le impidieron entrenar con el primer equipo. Las duras palabras de Bravo vía twitter generaron una catarata de críticas hacia los jugadores del plantel albo y también contra los dirigentes de Blanco y Negro, que tiempo después entendieron que no era buen negocio tenerlo de enemigo. Al final, no sólo buscaron un acercamiento con el capitán de la Roja, sino que recontrataron a Julio Rodríguez, su formador, para que se sumara al cuerpo técnico de José Luis Sierra.

De aquel chico que tuvo su debut oficial en la Eliminatorias de 2005 al que posó con cara desafiante en el camarín del estadio Nacional de Lima, en respuesta a las hostilidades sufridas por el plantel en Perú, hay un mundo de diferencias. Y miles de kilómetros de recorrido que fueron moldeando su personalidad.

Quienes lo conocen aseguran que no se considera un ídolo ni menos se lo plantea. Sí asume su condición de líder de un grupo exitoso y que como tal, debe comportarse a la altura. Por ello siempre evita cualquier acto de indisciplina, cuidando al máximo su imagen. Como capitán, no es de efectuar críticas individuales, pero cuando se para delante del grupo para expresar su pensamiento, tiene muy claro cómo hacerle llegar el mensaje a cada uno.

Su figura dentro de la Selección fue creciendo a medida que fue sorteando los distintos obstáculos dentro y fuera de la cancha. Su exitosa carrera en Europa obviamente que causó admiración dentro del camarín, al punto de ubicarse en el podio junto a Alexis Sánchez y Arturo Vidal.

Lo más duro, eso sí, lo vivió fuera de la cancha. Allí debió enfrentar episodios delicados, algunos que no se dieron a conocer a la opinión pública, como cuando Claudio Borghi quiso dejar fuera de la Copa América 2011 a Arturo Vidal. El propio arquero tuvo que interceder ante el técnico para que no lo sacara de la nómina final. Meses después nuevamente tuvo que estar cara a cara con el Bichi, cuando ocurrió lo del Bautizazo, aunque esa vez el técnico no modificó su postura, pese al pedido del capitán de  no sancionar tan duramente a los involucrados.

“En sus primeros años como capitán, era mucho de preguntar cosas antes de actuar. En la etapa de Bielsa había jugadores mayores, con más recorrido en el extranjero y que tenían mucho tiempo en la Roja. Entonces, entendía que debía manejarse de una manera muy diplomática en algunas situaciones antes de hacer sentir su voz delante del plantel”, recuerda un integrante de aquella Selección.

Fue en esos años donde aprendió a tratar con los dirigentes el tema de los premios, uno de los puntos que hoy tiene a la Roja en conflicto con la ANFP. De hecho, en la actual negociación de los premios, los dirigentes postergaron la reunión, prevista días antes del amistoso con Paraguay, y ésta debió realizarse horas antes del debut con Brasil. Sin la presencia del capitán, no podía llevarse a cabo ninguna discusión.

Aunque en sus primeros años como capitán participaba de la comisión negociadora, eran Pablo Contreras y Waldo Ponce los que llevaban la voz cantante. Bravo daba su opinión, pero los líderes en ese flanco eran otros. Hoy es el arquero el que lleva directamente la discusión, aunque detrás suyo hay un grupo que lo acompaña, entre ellos Gonzalo Jara, Arturo Vidal y Jorge Valdivia.

Fue precisamente el arquero, junto a los otros grandes referentes del plantel, el que puso sobre la mesa de negociación de los premios para Rusia 2018 el tema de los derechos de televisión e imagen. Algo que sorprendió a los propios dirigentes, pero que a otros no hizo más que ratificarles que algo se venía tramando en el camarín.

“No sé si fue una idea de Claudio (Bravo) o algo que nació de su representante, pero está claro que acá se les abrió el apetito a algunos. Ya pareció extraño el comportamiento del propio Bravo y de los referentes del plantel cuando estalló el tema de los premios por clasificar al Mundial de Brasil. Estaban empecinados en mantener su postura hasta el final”, subraya un ex seleccionado.

Aquel episodio de los premios, que tanto cuestionamientos generó hacia su figura, no minó su ascendencia sobre el plantel. De hecho, salvó ileso, pese a que algunos compañeros le hicieron ver en su momento que era incorrecto dejar sin dinero a quienes habían formado parte del proceso. El arquero los escuchó, pero siguió fiel a la decisión que había tomado con su grupo de consulta. Sólo la insistencia y la presión de los ex seleccionados terminaron torciéndole la mano, aunque en su fuero interno siguió creyendo que como grupo actuaron bien en todo momento.  A un año de aquello, Bravo sigue siendo el dueño del camarín y ahí dentro nadie parece disconforme con su fuerte liderazgo.

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