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Crece en los vecinos la sospecha de que los incendios están siendo provocados

Quienes trabajan contra las llamas en el sector, relatan que la gente en la zona “está asustada” por la continuidad de los siniestros y que actualmente existe “una verdadera psicosis”.

El apacible camino de Licantén a Vichuquén ya no lo es más. Una densa nube de humo lo cubre todo. No deja respirar. No permite ver el sol ni saber bien qué hora es.

Por la ruta vienen y van ambulancias con sus balizas encendidas, carros bombas, camionetas de Carabineros, vehículos del Ejército. Desde el aire se oyen helicópteros, a ratos llueven cenizas. Algunos cerros están devastados, otros todavía arden.

A orillas del camino pasan bomberos exhaustos, completamente tiznados. Aparecen militares con fusil y mascarillas. Se detienen brigadistas a masticar inexpresivos una barra de cereal. A todos el fuego los ha alcanzado de algún modo. Es una especie de campo de batalla en el que el enemigo nunca se rinde.

El comité de emergencia se reúne por las mañana en el Liceo de Hualañé. Ahí estuvo ayer el ministro de Defensa, José Antonio Gómez, junto a autoridades del Ejército y alcaldes.

Así resume el encuentro el jefe de la Defensa en la Séptima Región, general Javier Iturriaga: “En el Maule existen 16 focos de incendio. De ellos, 7 están calificados con alerta roja” dice a “El Mercurio”, lo que no es otra cosa que “peligro para la vida humana”.

Iturriaga no deja de hacer una advertencia: “Lo mejor es que la gente ayude a delatar a los inescrupulosos que pueden estar generando incendios, pero no que tomen la justicia en sus propias manos”.

En el lugar hay 1.470 efectivos del Ejército. Otros 1.500 pertenecientes a Conaf, Bomberos, PDI y Carabineros.

“Nunca vi algo así”

Uno de ellos es José Guerrero, voluntario desde hace 25 años de la Primera Compañía de Bomberos de Hualañé. Todavía sudando después de haber estado más de diez horas frente al fuego, dice que “hay una verdadera psicosis”. “La gente está asustada, siente que esto no termina nunca”.

Incluso para él, estos siniestros con algo que jamás había visto. “Cambia el viento, aparece fuego donde antes no lo había. Hay muchos focos”, dice.

La muerte de uno de los voluntarios, Hernán Avilés, los marcó. El miércoles, el padre del fallecido pasó por la Primera Compañía de Hualañé. Les dijo que no se rindieran, que siguieran ayudando a salvar vidas como lo hizo su hijo. Guerrero recuerda el momento con emoción, pero no con menos angustia.

La compañía así como el liceo o el consultorio se han convertido en centros de acopio de botellas de agua, paquetes de tallarines y colchonetas apiladas.

“La zona aún está en peligro”

Al llegar a Vichuquén, a la orilla del camino que conduce a Llico, suben columnas de humo que dan cuenta de que un foco de incendio no se ha apagado del todo. Ahí, una adolescente, Anastasia Vermehren, se afana con una pala haciendo cortafuegos.

“Tenemos un terreno acá y decidimos venir a ayudar”, dice su padre, el abogado Pablo Vermehren. Es una historia que se repite en sectores como Aquelarre y Culenmapu. En este último lugar, el embarcadero del empresario José Luis Vender se quemó por completo.

En las cercanías camina con un pañuelo en el cuello para evitar el humo el rector de la Universidad Mayor, Rubén Covarrubias. “Creo que parte de estos incendios son obra de terroristas. Creo que aquí hay una clara intencionalidad”, afirma.

Unos metros más allá, Tomás Echenique, quién llegó para ayudar voluntariamente, dice que “la zona aún está en peligro”.

Ayuda de voluntarios

Frente a un bosque muy cercano donde las familias ya fueron evacuadas, Bernardita Gaete, con su ropa cubierta de polvo y cenizas, no puede ocultar su profunda rabia.

“Hace 10 días que el lago Vichuquén está en emergencia y no nos han tomado en cuenta”. La acompañan Andrés Mujica, Viviana Lepori, Luz María Gaete y Rita Márquez de la Plata. Todos hablan agolpándose pidiendo la atención del Gobierno.

Lo que sí destacan los vecinos es el apoyo de cientos de voluntarios que han llegado desde distintos lugares a colaborar con los trabajos en terreno de bomberos y Conaf.

Una de ellas es Dominga Picó. Ella relata que ex alumnos de The Grange School han llegado a la zona a hacer cortafuegos. Junto a ella, Nicole Compagnon, quien ha creado distintos grupos de ayuda a través de WhatsApp, no tiene duda de que estos siniestros son “totalmente intencionales”. “Hemos sorprendida a personas en moto intentando prender fuego. Hubo incluso un grupo al que lo apedreó la gente”.

Ella, quien tuvo que dejar sus labores de abogada en Santiago, dice que falta mayor apoyo de helicópteros y aviones. “No puede ser que nosotros tengamos que estar gestionando la ayuda”, espeta.

En la zona lo único claro es que nadie duerme tranquilo. Las llamas, el humo y el miedo no lo permiten.

Fuente: Emol.com

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