Opinión

Democracia en riesgo

Por Carol Bown. La democracia hoy se cuestiona, se mira con desconfianza. Si en un comienzo era una aspiración, votar se ha convertido, para muchos, en algo ajeno y hasta innecesario.

Impactaba, hace algunas semanas, contrastar la moderna solemnidad americana en la investidura de Donald Trump con el caos desatado en las calles a pocas cuadras de la ceremonia. “Make racists afraid again” increpaban los lienzos de los manifestantes, que sorteaban policías como rememorando al paco y ladrón. Como presos, pero de frustración, de desconcierto, de impotencia.

No deja de ser raro, pues al barajar las posibles razones de esa turba social, advertimos que estas no sólo responden a las barbaries que Trump encarna más duramente. Son también, en parte, expresiones en contra de un sistema quebrado, de un mecanismo de representación que exhibe fisuras, que derechamente tambalea.

 La democracia hoy se cuestiona, se mira con desconfianza. Si en un comienzo era una aspiración, votar se ha convertido, para muchos, en algo ajeno y hasta innecesario. Posiblemente, quienes no votan sienten que no existe una verdadera representación, sienten no ser representados por nadie (ni nada), o que la democracia en realidad no es tan democrática y, por eso, voluntariamente deciden desentenderse. Marginarse para buscar, desde el rechazo, otras formas de influencia.

Son huellas de que el actual sistema multipartidista ya no logra abrazar el nivel de descontento social; la insatisfacción y la desconfianza, tanto hacia políticos como hacia el empresariado, son tales que las alternativas disponibles dejan de enmarcarse en la institucionalidad existente. La representatividad cae, las manifestaciones aumentan, la incertidumbre (y con ella, el temor) se disparan, y candidatos al margen de todo lo que suponíamos razonable se vuelven realidad.

 Preocupa. Especialmente en vísperas eleccionarias en Chile. Especialmente con tragedias nacionales (literalmente) encendidas, donde se vuelve cada vez más evidente que esa incertidumbre y temor son caldo de cultivo para el populismo y la demagogia más desvergonzados.

Los escenarios se fragmentan como un mosaico inabarcable, tal como se fragmentan algunas naciones que tenemos partidas no en dos, sino en múltiples pedazos. Vemos, al mismo tiempo, que aquella población políticamente involucrada -en torno a la cual debería configurarse una sana democracia- se reduce exponencialmente. Y todas las encuestas erran, y todo lo que acostumbrábamos deja de ser tal.

 Es doloroso ver que a las personas les resulte fácil la indiferencia. Pero no extraña, en el actual escenario, que muchos tropiecen con ella. Porque esa indiferencia, en muchos casos, quizá no nace del “no me importa”, sino de vacíos más profundos que pueden tener que ver con, por ejemplo, una educación frágil. O con esa pérdida de tacto humano y social, tan propio de nuestro tiempo y que tanto nos limita. O, también común por estos días, con una severa falta de información. (O, peor aún, con dosis desmedidas de desinformación).

 Por eso la dimensión periodística se vuelve esencial. Ayudarnos a todos a tomar decisiones más informadas no debería ser algo trivial, sino imperativo. Escribir con la verdad, que generalmente no coincide con lo que la audiencia quiere leer, no debería ser excepcional, sino extendido. Porque lo contrario es someterse a la audiencia y, consecuentemente, tenemos matinales y horóscopos como piedras angulares de nuestra cotidianeidad.

Se vuelven esenciales los medios, pero también la sociedad civil. Esta última, sobre todo, porque somos quienes finalmente podemos cuestionar lo que no sentimos correcto, lo que no advertimos como verdadero, lo que suena fuera de tono. Lo fundamental en este punto es que ese pensamiento crítico provenga de un conocimiento fundado. De un esfuerzo individual -y colectivo- por entender, desde la base, qué podemos hacer cada uno para que las cosas funcionen mejor.

*La autora es directora de Asuntos Públicos de Burson-Marsteller y ex subsecretaria de Carabineros (@CarolCBown).

Fuente: pulso.cl

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