Opinión

Educación: Mayor tiempo no es sumar calidad.

Mejorar la calidad y corregir las desigualdades existentes en materia educativa. Esos fueron algunos de los puntos que planteó el por entonces presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle cuando el 21 de mayo de 1996 se refirió a la nueva política educativa que entraría en vigencia: la Jornada Escolar Completa (JEC), que fue creada mediante la ley 19.532 y que cambió el régimen horario de los estudiantes chilenos que pasaron a una jornada extendida en la cual deberían desarrollar actividades complementarias, sin embargo, esto no ocurrió, siendo pocos los colegios que innovaron en ese tiempo extra por temor a bajar resultados en Simce y PSU. La JEC se convirtió en una política pública bien inspirada, apuntando a la equidad pero que escondía una escasa evidencia que la sustentara.

 

Mayor tiempo no es sumar calidad, menos aun cuando el aprendizaje se reduce a una estandarización educativa, lo que queda demostrado al observar que en Chile la permanencía en la escuela es de 1.140 horas al año, un 35% más que el promedio de los países de la OCDE, pese a lo cual existe un escaso progreso en materia académica, teniendo nuestros estudiantes un efecto reducido en materia de aprendizaje.

 

La actual discusión acerca de la disminución de la jornada laboral a 40 horas, mediante una modificación del Código del Trabajo, debiera impactar de igual forma en la revisión de los marcos legales de la JEC, así como la distribución de horas lectivas y no lectivas establecidas en la Carrera Docente y las responsabilidades profesionales que fija el Estatuto Docente. Dado que cantidad no es calidad sería importante aprovechar el estado del arte y avanzar en la discusión para que los colegios no solo sean reproductores de currículum y de políticas educativas que están orientadas a fortalecer mediciones estandarizadas como el Simce y la PSU y apunte a la formación de seres humanos para que puedan desempeñarse en las próximas décadas, integrando un aprendizaje colaborativo en función de la 4ª revolución industrial, que cambiará los objetivos de la educación, haciendo que las habilidades básicas de educación pasen de sumar, restar y leer, a la gestión de proyectos, la colaboración y el dominio de dos o tres idiomas de forma fluida, en donde no será importante memorizar datos, puesto que estos son accesibles hoy en día desde un smartphone, sino que será necesario analizar e interpretar datos, además de desarrollar la creatividad, la expresión y la relación con el arte, la música y el lenguaje, aspectos que desafortunadamente han desaparecido de las prioridades de nuestra sociedad.

 

 

Claudio Sanhueza Inostroza

Psicólogo, MBA

Director Ejecutivo Fundación República en Marcha

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