Opinión

El incendio permanente

Si algo positivo nos dejaron los incendios forestales de enero y febrero fue la reacción de los chilenos frente al sufrimiento de sus conciudadanos. La movilización de jóvenes y adultos a las zonas afectadas mostró nuestra mejor faceta como chilenos: la solidaridad, la proactividad, la empatía y el coraje.

Cuando el Padre Alberto Hurtado se preguntaba si Chile era un país solidario, situaciones como ésta seguramente lo habrían llevado a dar una respuesta positiva, y es algo que podemos ver en cada emergencia o desastre natural. Pareciera que tenemos una respuesta innata ante el sufrimiento del prójimo.

Pero también podemos hacer otra lectura y preguntarnos por qué la solidaridad de los chilenos sólo parece surgir durante las tragedias. ¿Por qué no nos movilizamos de la misma forma por la tragedia que viven miles de niños en los centros del SENAME? ¿Y por las personas en situación de calle? ¿Y por la calidad de la educación, más allá de lo ocurrido en 2011? ¿Por qué no respondemos con la misma solidaridad para dar solución a las 38.000 familias que viven en campamentos en todo el país?

Varias explicaciones pueden ser propuestas. La primera dice relación con la notoriedad de los casos en los medios masivos de comunicación. Es posible que la gran exposición que han tenido los incendios en la televisión y los diarios contribuya a la sensibilización de la gente, y esto tenga como efecto la movilización para ayudar.

Sin embargo, desde la tribuna de la acción social no creemos que el espíritu solidario de los chilenos se deba a la prensa o a la atención mediática que reciben estos problemas. Analicemos lo que ocurre en una catástrofe: existe un orden que súbitamente se quiebra, las familias que tenían un lugar donde vivir pasan de la noche a la mañana a ser damnificadas, y el quiebre de la estabilidad nos conmueve.

¿Qué pasa, por otro lado, con las demás situaciones antes descritas? Al parecer ya son parte de lo que llamamos “normal”. Lamentablemente nos acostumbramos como país que miles de familias vivan en campamentos, sin derechos básicos como agua o luz, (algunos, incluso, creen que se  lo merecen), a la mala calidad de la educación, a que los niños en los centros del SENAME no tengan las condiciones mínimas para vivir. Todos estos son incendios que ya no logran captar nuestra atención.

En TECHO-Chile creemos que los chilenos somos solidarios y empáticos todo el tiempo. Por eso hacemos un llamado a todos los chilenos que se han movilizado en estos incendios a seguir actuando por una sociedad más justa y sin pobreza, porque hay gente que ha vivido toda su vida en situación de emergencia, y sólo con el trabajo colaborativo de toda la sociedad podremos dar soluciones concretas a estos incendios permanentes.

Nicolás Villanueva, director regional de TECHO-Chile en la región del Biobío.

 

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