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El sincero relato de un guardia de estadio: “Yo no arriesgo mi vida”

Rostros anónimos del fútbol, conviven entre la tranquilidad y la violencia, desarmados y expuestos a todo. Este es el relato honesto de uno de ellos.

Cuando a Eric Araneda Martínez (25) le ofrecieron trabajar como guardia de seguridad en el Estadio CAP de Talcahuano, no dudó en aceptar. La posibilidad de ver fútbol fin de semana por medio, realizando un trabajo relativamente tranquilo, fue lo que más le sedujo. No le importó exponerse al peligro, a la inseguridad, a los insultos, a la incertidumbre de no saber si la jornada será tranquila o violenta, ni a las dudas de sus padres, Bernardo y Miriam.

“Lo tomé como un ‘pituto’, algo para generar ingresos extra”, reconoce el estudiante de 5º año de Pedagogía en Educación Física. Ahora, está a punto de cumplir dos años en esta labor. Y ve todo distinto, ahora sabe hasta qué punto llega su rol.

Ha estado presente en partidos por el Campeonato Nacional, por Copa Chile, Copa Libertadores, Copa Sudamericana y Copa América. “La mayoría han sido muy tranquilos”, asegura. En el Biobío, normalmente los duelos de fútbol no superan los 3 mil espectadores, todos de relativa tranquilidad. Sin embargo, y tal como ocurrió este jueves en el Fiscal de Talca, este escenario de pasividad provinciana es trastocado cuando Colo Colo y la U son los rivales de turno.

Eric nunca falta a su trabajo de fin de semana, pero el 7 de febrero de este año, cuando Huachipato recibía a U. de Chile en un duelo válido por la 6ª fecha del Campeonato de Clausura, quizás por suerte o simple casualidad, decidió no ir. Fue justo en aquella jornada cuando, al ingreso al estadio, la barra brava de los universitarios protagonizó serios incidentes con personal de seguridad.  “Hubo baja convocatoria de guardias y Carabineros y en el ingreso se juntó mucha gente, así comenzó el forcejeo. Se colaron muchos hinchas, los que no pudieron ser revisados y por eso pasaron bengalas y lienzos. En la entrada de la galería sur golpearon a guardias y asistentes, echaron abajo los portones; muchos colegas tuvieron que dejar de trabajar ese día a causa de las lesiones”, relata.

Aquel día no hubo heridos graves, pero sí golpes de pies y puño a 10 validadores y cinco guardias. Algunos de los agredidos fueron jóvenes estudiantes como él; otros eran más adultos, como sus padres o como el de los agresores. Ese sábado, mientras disfrutaba junto a su polola, Eric entendió el riesgo que encierra una actividad como la de él.

De acuerdo a la Ley de Derechos y Deberes de los espectáculos de fútbol, es el club organizador quien debe garantizar la seguridad. La fuerza pública está para la emergencia. “Carabineros no nos da instrucciones directas a nosotros, ellos sólo se comunican con nuestros jefes y a través de ellos nosotros recibimos las órdenes. Ellos nos apoyan cuando se les pide que actúen”, comenta Eric.

Por norma, todos los guardias deben tener el curso del OS-10 de Carabineros al día e incluso ahora se está comenzando a implementar el curso Guardia Estadio, de Estadio Seguro. La regla es clara: “No podemos golpear a nadie, ni usar armas, bastones o esposas”. Si hay desmanes, las opciones son dos: detener con las manos a quien los causa o ser un espectador más.

Cada partido en que Araneda trabaja, gana por entre $ 10.000 y $ 17.000, dependiendo la categoría del duelo. Sus jornadas laborales se extienden hasta ocho horas, sin colación. Para protegerse, sólo algunos cuentan con un chaleco antipuñaladas, similar al que usan los guardias de supermercado. “No todos lo usan, se lo entregan a los que tenemos la credencial de la empresa”, asegura.  Eric es un afortunado entre sus compañeros, él sí tiene uno.

Los hechos de violencia que han ocurrido en las últimas dos semanas podrían asustar a más de alguno. Batallas en Coquimbo, Valparaíso y Talca son los últimos golpes de alerta a un problema que ensucia y atrapa  cada vez con más fuerza al fútbol nacional. Una pelea que parece estar ganando una acéfala masa, los barrabravas.

Eric Araneda es cauto en su trabajo y conoce muy bien los límites de su labor. “Mi familia siempre me dice que tenga cuidado, pero, al final, esto yo me lo tomo como un trabajo más. Si en el estadio está muy complicado el ambiente, prefiero dejar que actúe carabineros, pero no llegaría a exponerme. Si hay incidentes, yo no voy a arriesgar mi vida”, sentencia Araneda, con la sinceridad de un anónimo guardia de estadio.

 

Fuente: La Tercera.

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