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La anorexia en los grupos de WhatsApp

Los trastornos de alimentación, que se agudizan en verano, llegaron al teléfono de las adolescentes. Se esparcen en grupos de WhatsApp donde se regalan tips, se desafían a bajar de peso y se mandan fotos de sus abdómenes para que el grupo aplauda sus “avances”. Los especialistas alertan que este nuevo escenario hace más compleja la terapia y responden cómo enfrentarlo.

Sofía (14) y su familia están sentadas a la mesa. Como sus padres no la dejan revisar su celular mientras almuerzan, ella lo guarda en el bolsillo. Sin que ellos se den cuenta, le saca una foto a su plato y la manda a un grupo de WhatsApp. “Mis papás me están obligando a comer, ¿qué hago?”, escribe Sofía. En segundos, las otras niñas del grupo le dan tips -“Diles que te duele la guata, “usa la servilleta”- o le sugieren que coma de tal o cual manera. Lo importante para ellas, y lo que las une, es que Sofía mantenga el control, que evite comer y que no se aleje de su único objetivo: bajar de peso.

Este grupo de WhatsApp se llama Princesas. No dice mucho ni levanta sospechas, pero la realidad allí es dura. Desde hace algunos años, la proliferación de blogs y sitios de internet que promueven los Trastornos de Alimentación e Ingesta (TAI) son mirados con atención por los especialistas, pero hoy ese escenario se complejizó con la creciente aparición de grupos de WhatsApp donde adolescentes con TAI se aconsejan, se apoyan y arman comunidad. Esa situación, reconocen los profesionales dedicados al tema, agudiza la enfermedad y pone cuesta arriba el tratamiento. Con plataforma tecnológica disponible, la anorexia y la bulimia se transforman en un problema en tiempo real.

“¿Eres Ana o Mia?”. Esa es la pregunta de entrada a estos grupos, donde la gran mayoría son mujeres. Ana es la abreviación de anorexia; y Mia, de bulimia. Después hay que decir el nombre, la edad, el peso, la altura y la meta: cuántos kilos desean pesar. Las conversaciones giran en torno a la delgadez y se repiten conceptos como meta, control, fuerza de voluntad y belleza. También se mandan fotos para mostrar sus “avances”, que son recibidos con elogios o bullying. Y se desafían en peligrosas competencias: quién baja más de peso en menor tiempo.

Una periodista de Tendencias se incorporó a estos grupos y conversó con casi 30 niñas y adolescentes. Las entrevistadas -entre 12 y 27 años de edad- tenían, por lo general, una percepción positiva de esta comunidad on line. Algunas espontáneamente escribían para sumar su testimonio. Querían hablar, ser escuchadas.

Muchas se unen a estos grupos porque detestan su cuerpo debido a las burlas, el maltrato o un simple comentario que les hizo la mamá, el pololo, los amigos. Macarena Díaz, sicóloga y coautora de un estudio sobre los sitios pro Ana y Mia, dice que “estamos viviendo en una sociedad del Fat-Talk, esta compulsión a hablar del peso, de lo regia, de lo fea, de lo que bajó, de lo que engordé, del plato, de la dieta… Todo el mundo usa el Fat-Talk de manera impresionante y no nos ayuda con los trastornos alimentarios”. Agrega que si bien no se puede responsabilizar a un comentario de un trastorno alimentario, es un factor de riesgo y los adultos debieran hacerse más conscientes de lo que hablan delante de los niños y niñas.

Verano, terreno fértil

Las niñas cuentan que en estos grupos, además de consejos, encuentran una red de apoyo que entiende “el dolor y el sufrimiento” de ellas.

-¿Cuál fue tu motivación inicial para unirte?
-Las críticas de todos.

-¿Quién te criticaba?
-Mi familia, mis compañeros de curso; y la gente me miraba raro en la calle.

Eso dice Carla. Tiene 12 años, mide 1,53 metros y se denomina “Ana”. Su primer objetivo es llegar a los 40 kilos, después a 30 y, si es necesario para sentirse cómoda, seguirá bajando: “Depende de cómo me vea”, justifica. Come entre 100 y 200 calorías diarias (equivale a entre dos y cuatro manzanas), tal como le aconsejaron sus “amigas virtuales”. A sus 12 años está en pleno desarrollo y hay probabilidades de que la falta de nutrientes afecte su crecimiento. Según las organizaciones de salud, la anorexia podría causarle fallas cardíacas, debilitación ósea y hasta la alteración de su fertilidad. Si se agrava, estas consecuencias pueden ser irreversibles.

Durante el verano las consultas sobre casos de TAI crecen hasta un 20%, según la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (Aluba), ONG argentina que tiene clínicas especializadas en ese país, Uruguay y España. En meses estivales la exposición del cuerpo aumenta y también las inseguridades. Marcela Abufhele, siquiatra infantil de Clínica Alemana, dice que las vacaciones son la época más propensa a los trastornos alimentarios. “Como hay menos ropa, mucha piscina, mucho traje de baño, el cuerpo empieza a estar presente. Es un periodo al que llamamos ‘riesgo de recaída’”, explica.

La Asociación Nacional de Desórdenes Alimentarios de Estados Unidos consigna que cerca de 70 millones de personas en el mundo sufren de algún trastorno de alimentación, principalmente anorexia y bulimia, y que cada 62 minutos alguien muere producto de las complicaciones generadas por estas enfermedades.

El Ministerio de Salud no tiene cifras actualizadas sobre la prevalencia de esta enfermedad a nivel nacional. “El sistema público de salud tiene una gran deuda y como no hay estudios de prevalencia actualizados, no se entregan tratamientos gratuitos especializados. Todo es privado”, dice María José Vásquez, nutricionista del Centro de Estudios de la Conducta Alimentaria.

No comerás

En estos grupos, Ana y Mia son “princesas” que simbolizan la perfección. Eso, para la mayoría de sus integrantes, significa pesar pocos kilos. Las metas, según se lee en sus mensajes, son alcanzar un peso total que oscile entre los 30 y 46 kilos. Pía, de 14 años, dice que “ser delgada es símbolo de belleza, delicadeza, como lo son las princesas. Queremos ser como ellas”. Coincide Maite, también de 14, cuya objetivo es llegar a 38 kilos.

Las imágenes “thinspo” son un elemento esencial en estos grupos. “Thin” significa delgado en inglés” e “inspo” hace referencia a la inspiración. Las fotografías muestran cuerpos esbeltos, mujeres altas y muy flacas, generalmente desnutridas. “Yo quiero así mis costillas”, dice Sandra, adjuntando una foto de una mujer a quien los huesos le sobresalen de una cintura diminuta. En Instagram, el hashtag Thinspo tiene casi 198.000 publicaciones. Ana y Mia, cerca de 52.000. Si se escribe el último concepto en el buscador, Instagram arroja una alarma que permite pedir ayuda. Sin embargo, es muy fácil de evitar.

“Mañana no comeré ni beberé en todo el día. ¿Qué piensan?”, pregunta María en un grupo de WhatsApp. En segundos le responden con un emoji de dos manos aplaudiendo, y más abajo un corazón. Como símbolo de apoyo, una chica le dice que lo hará con ella. Dentro de los grupos circula una tabla propia de estatura y peso ideal. Allí, una persona de 1,65 metros debería pesar 43,6 kilos. Cifras que dentro del Índice de Masa Corporal (IMC) que usan los médicos caerían dentro del “bajo peso”.

Lo que probablemente más atrae a las integrantes es el sentimiento de pertenencia a estos grupos. “Lo que más me gusta es que siempre están para apoyarte, son como una familia”, dice Julieta, de 15 años. “Acá me recuerdan lo doloroso que es ser gorda, lo que uno siente al querer probarse algo y que no te quede”, agrega. Por su parte, Anita, 17 años, dice: “Ya hubiera dejado esto hace mucho si no estuviera en este grupo. Fomentamos la amistad, el apoyo mutuo y consejos”. Muchas dicen que estas conversaciones son esenciales para no caer en la depresión, ya que es la única forma de desahogarse. “Eso es extremadamente complicado, porque son temas que podrían tratarse en sesión y en terapia; y finalmente se tratan a nivel de pares que además tienen patologías”, dice la sicóloga Macarena Díaz. “Ahí se sienten apoyadas porque sienten que hay gente que la ayuda. Bueno, yo les muestro que también puedo ser parte de esa ayuda”.

Existen grupos más extremos. Muchas entrevistadas acusaron haber sufrido bullying en ellos. “Bienvenid@ al grupo donde no volverás a comer. Si eres de las que no cumplen y siguen comiendo, sal de aquí. Quien entra a este grupo deja de comer hasta pesar 38 kilos o menos”, dice la descripción de uno de ellos, junto a un corazón negro -simboliza que son extremas- y un emoji de calavera. Constanza, de 18 años, dice haber estado en estos grupos más estrictos y no soportó la presión: “Hacían carreras de kilos y te insultaban si comías. Teníamos que mandar foto de nuestro abdomen todos los días. Por un tiempo tuve miedo a la comida”.

Terapeutas alerta

Los especialistas concuerdan que los TAI son muy complejos, que hay que tratar a las pacientes multidisciplinariamente -nutriólogos, siquiatras y sicólogos-, a veces de manera crónica, y que ahora la anorexia y bulimia en WhatsApp lo hace aún más difícil. “Siempre vamos un paso atrás, nos damos cuenta cuando ya existe esta brecha, no tenemos acceso a esa información tan rápido y nos juega en contra”, reconoce Marcela Abufhele.

Según Nerea de Ugarte, sicóloga que trabaja la autoestima y el empoderamiento en niñas y adolescentes, las encuestas del movimiento La Rebelión del Cuerpo -del cual es fundadora- señalan que, por lo general, entre los 13 y 15 años las niñas empiezan a sentirse inseguras de su cuerpo y la figura pasa a ser relevante, pero esto ocurre cada vez a más temprana edad. “Desde los 11 años hay niñas afectándose por la opinión del resto sobre su cuerpo”, dice.

Para María Patricia Cordella, siquiatra y fundadora de la Sociedad Chilena para los Estudios de Trastornos, resulta relevante que estos grupos refuerzan la necesidad de autonomía de las niñas respecto de la familia: rápidamente encuentran allí una “familia alternativa” que puede suplantar los afectos del verdadero núcleo familiar.

Cordella lo explica así: en la adolescencia los afectos vinculados a la familia reaparecen en toda su ambivalencia amor-odio, lo cual torna a estas chicas vulnerables a la sensación de abandono o de distancia emocional de sus cercanos. Basta un comentario, una mirada, un gesto de sus papás, que remitan a reproche o desamor, y ellas buscarán alguna forma de lidiar con esta carga negativa: como no pueden controlar las emociones, controlan el cuerpo y encuentran en el control de la ingesta de alimentos una salida. “El grupo de WhatApp representa una forma de estar acompañada en esta cruzada. Un seudoapoyo, una seudoamistad, una seudoautonomía. La niña queda presa de un espejismo”, señala la siquiatra.

Según Cordella, otra complejidad de estas comunidades on line y en tiempo real es que profundizan la patología en las niñas, mientras la terapia persigue justamente lo contrario: la toma de conciencia de que están enfermas. “Son comunidades de un terrorismo corporal extremo”, señala. Marcela Abufhele concuerda con esta idea. Dice que en estas redes se “ayudan” a estar más enfermas, ya que insisten en que no es una enfermedad ni se necesita tratamiento. En la consulta, ella tiene una estrategia con estas jóvenes: “Hay una parte de su cabecita que no está pensando bien, que está enferma, y otra parte sana que se puede dar cuenta de eso. El trabajo se enfoca en que la parte sana de la cabeza vaya ganando ese gallito. Una les explica los riesgos de la desnutrición y poco a poco van entendiendo. Lo que más les preocupa es el riesgo para la fertilidad futura, porque se van dando cuenta de las alteraciones menstruales, que son los primeros síntomas de la baja de peso”.

La sicóloga Ester Mayerson, especialista en estos trastornos, cuenta que ha tratado a pacientes que participan en las llamadas “carreras de kilos”: competencias por quién baja más de peso en un tiempo determinado. “Muchas tienen premios, un feedback positivo de los pares y gana la que más baja. La situación se empieza a normalizar y hasta se premia a una patología”. Agrega que en estos grupos de WhatsApp “se dan consejos para sostener conductas anorexígenas, validándolas. Eso genera mayores riesgos”.

Por su parte, María José Vásquez, nutricionista del Centro de Estudios de la Conducta Alimentaria, ha observado otro traspié para el tratamiento: “Alguien que tiene un trastorno incipiente se puede demorar años en llegar a conocer todas las técnicas (para despistar). Ahora se demora sólo días”. Esa pasa por ejemplo con Paula, 14 años: “Hace un año, sin grupos ni consejos, mis papás fácilmente se dieron cuenta de que tenía anorexia”; ahora lleva dos meses en tres grupos de WhatsApp y, aunque ha tenido desmayos, pasa desapercibida. Porque aprendió cómo engañar a su familia.

Lo grave es que en estos grupos campean mitos alimentarios y sus integrantes se aconsejan con información falsa y riesgosa. Dicen que la manzana hincha, que es normal que se caiga el pelo y que no comer nada y sólo tomar café está bien. “Debemos explicar y desmentir, porque ahora son más y más y más mitos”, advierte María José Vásquez.

Los especialistas coinciden en que la cercanía de los padres es el mayor factor protector contra los TAI. “Puede complejizarse el escenario, pero la familia juega un rol clave”, asegura Marcela Abufhele. “Desde lo más básico, como hacer una comida familiar al día donde estén todos conversando sin celular ni tele, que los papás conozcan a los amigos de sus hijos o que sepan qué están haciendo con su tiempo libre. Es ha mostrado más beneficios que el hípercontrol de quitar el celular”.

Nerea de Ugarte dice que es clave evitar que el cuerpo sea un tema y relata una escena reciente que le llamó la atención: un grupo de niñas de 9 o 10 años sentadas en el borde de una piscina, tapándose con la toalla porque les daba vergüenza su cuerpo. “Nos han educado desde niñas para que nuestro cuerpo sea nuestra principal propuesta de valor, que nuestra apariencia física es lo que nos define como mujeres”, dice. Y esa idea es la que quieren desterrar desde el movimiento La Rebelión del Cuerpo. “Somos mucho más que lo físico y si no educamos esto desde la infancia, estos trastornos van a seguir sucediendo”.

*Todos los nombres de las jóvenes que dan su testimonio en este reportaje han sido cambiados por petición expresa de ellas.  


    S.O.S ¿Qué hacer?

*El Minsal tiene el servicio Salud Responde (fono 6003607777), donde distintos profesionales entregan información y orientación. Durante 2018 se registraron a ese número 78 consultas por trastornos alimentarios: 41 correspondientes a anorexia, 18 a bulimia y las 19 restantes por ambos casos.

*En la Sociedad Chilena para el Estudio de los Trastornos Alimentarios (www.setachile.cl) está el grupo mejor preparado para enfrentar los TAI. Reúne a distintos profesionales vinculados al tema: nutriólogos, siquiatras, sicólogos, educadores, etc. Correo: setachile2014@gmail.com.

*El movimiento La Rebelión del Cuerpo (www.larebeliondelcuerpo.org) tiene un correo electrónico para derivar a las niñas a un centro especializado: unete@larebeliondelcuerpo.org. Además, la Fundación Niñas Valientes realiza talleres de prevención en colegios sobre los TAI.


 


Anorexia: Quienes la padecen sienten miedo agudo a aumentar de peso, están excesivamente preocupados por su silueta y pueden verse a sí mismos gordos o desproporcionados, pese a tener un peso bajo lo normal.

Bulimia: Se caracteriza por episodios de ingesta descontrolada de alimentos en poco tiempo; y luego, generalmente en secreto, se autoinducen vómitos.

 

 

FUENTE: LA TERCERA

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