Opinión

La generosidad de la OCDE

Hace unos días la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señaló que Chile habría superado la “trampa de los ingresos medios”, según la cual, debido a los desafíos institucionales que acompañan al crecimiento, algunas naciones emergentes tienden a estancarse a medio camino entre la pobreza y la prosperidad. La opinión de la OCDE importa, pero debe ser asumida con sana cautela.

Integrar este club nos acerca a la experiencia de países que, antes que el nuestro, recorrieron exitosamente la ruta del desarrollo. Además, sus estadísticas permiten comparaciones cuantitativas y una discusión técnica científicamente sustentada. Así, desde mayo de 2010, cuando Chile se incorporó, es común citarlo en el debate local para calificar si una política pública es adecuada o no.

Sin embargo, en ocasiones las opiniones de este organismo requieren mayor reflexión. Por ejemplo, y a propósito de las transformaciones acometidas en Chile durante los últimos años, el jefe de la división de Política Educativa de la OCDE señaló que “las reformas están yendo en buen sentido, teniendo en cuenta que están buscando aumentar la calidad de la educación”. Esta aseveración es desconcertante, toda vez que el foco inicial de la reforma educacional se puso en la universalidad de la gratuidad universitaria, a pesar de que sabemos que es en la educación temprana donde se definen las competencias cognitivas que determinan parte relevante del éxito laboral. Y si de educación superior se trata, es en la formación técnica donde existen las mayores carencias. Peor aún, al amarrar la gratuidad con un arancel de referencia, en la práctica los recursos que reciben las universidades se restringen, con el riesgo de forzarlas a reducir su investigación, actividad crucial para la calidad.

En este contexto, mi recomendación es doble: primero, leer los informes de evaluación de la OCDE sobre los países que la integran con distancia. No olvidemos que su financiamiento depende de la contribución de sus miembros, lo que en ocasiones provoca juicios excesivamente generosos hacia sus contribuyentes. Segundo, recibir el anuncio de que Chile superó la trampa de ingresos medios con escepticismo. Porque si bien hemos avanzado mucho durante las últimas décadas, la eficiencia agregada -principal fuente de crecimiento- se ha desacelerado significativamente desde fines de los 90 y la desigualdad de oportunidades -potencial barrera para la sustentabilidad del crecimiento en la etapa de desarrollo que viene- se mantiene muy por sobre la de los países avanzados.

Con todo, la tarea pendiente es principalmente institucional. Por un lado, modernizar el Estado y profundizar la competencia en los mercados; por otro, reducir la inequidad. Solo así legitimaremos el modelo, preservaremos la estabilidad agregada y generaremos niveles mayores de productividad, cruciales para crecer sostenidamente más.

FUENTE: LA TERCERA

Raphael Bergoeing


CEP y U. de Chile

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