Opinión

La rabia del Gobierno con los Liceos Bicentenario

Es de una infinita mezquindad que, habiendo frustrado la oportunidad de una mejor educación para todos, el Gobierno con más alto rechazo ciudadano desde el retorno a la democracia se permita atropellar las legítimas aspiraciones de una clase media que se ha ganado con su esfuerzo el derecho a asegurar una mejor vida para sus hijos.

Entre fines de 2010 y 2013, el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera, cumpliendo una promesa muy sentida por miles de familias vulnerables y de clase media, creó 60 colegios públicos de excelencia, bautizados como Liceos Bicentenario.

¿Qué se proponía? Multiplicar en todo el país la experiencia de los liceos emblemáticos de Santiago, creando una red de colegios de alta exigencia, a los que pudieran acceder estudiantes talentosos y con mérito de todos los sectores sociales, que aspiraban a la educación superior.

Sin recursos extraordinarios, su proyecto educativo está fundado en tres pilares. Primero, principios de la educación de calidad: respeto, disciplina, exigencia, responsabilidad, metas claras y apoyo para que cada alumno pueda alcanzarlas. Segundo, confianza y respeto para los profesores, rescatar las mejores experiencias e invitarlos a ser monitores de sus pares. Tercero, un propósito definido: que los alumnos lleguen a la educación superior que deseen.

Los Liceos Bicentenario demuestran que una educación pública de calidad es posible, y en seis años sus resultados han ido más allá incluso de lo esperado. Cuatro establecimientos están entre los 10 colegios municipales con mejores resultados en la PSU y nueve entre los 25 mejores del país. En la última prueba SIMCE, de los 20 mejores colegios, dos fueron Liceos Bicentenario: el San Pedro de Puente Alto, el mejor municipal del país; y el de Temuco, en el 7° lugar a nivel nacional (un año antes de su creación, el mejor colegio público de esa comuna estaba en el lugar 1.066, me pregunto si alguien en el Mineduc revisa estos datos y saca conclusiones).

Por espacio no puedo nombrarlos a todos, pero en cada uno hay una experiencia de esperanza, de esfuerzo con importantes logros, como el Liceo Minero Bicentenario Juan Pablo II de Alto Hospicio, el quinto mejor colegio de la Región de Tarapacá, antecedido solo por colegios privados. O el Liceo Bicentenario de Purén, con un proyecto multicultural y resultados extraordinarios; y el de Cauquenes, convertido en uno de los mejores colegios de la Región de Maule. Ninguno de los tres selecciona alumnos.

Pero la izquierda no cree en el mérito y el esfuerzo como palancas de superación y ha tejido una serie de premisas (hasta ahora sin demostrar), para desacreditar las políticas educacionales que se proponen estimularlas. Y como, además, a la Nueva Mayoría y a la Presidenta Bachelet les ha sido imposible superar cierta rabia infantil contra los Liceos Bicentenario, cada vez se les ponen mayores obstáculos para excluirlos.

Primero fue la eliminación de su presupuesto en 2015 y, con ello, el fin de su expansión a nuevas comunas. Luego vino la prohibición de la selección en la educación media, y aunque la mayoría de los Liceos Bicentenario no selecciona, es una herramienta que asegura matrículas a aquellos niños de alto rendimiento escolar si la demanda llegara a superar su capacidad.

Y esta semana nos hemos informado que el Mineduc está imponiendo dos condiciones absurdas, para calificar a un colegio como “de alta exigencia”, únicos autorizados para seleccionar el 30% de los alumnos: deben tener 30 años de existencia y sus postulantes deben doblar a las vacantes del proceso anterior. La primera condición deja fuera a todos los Liceos Bicentenario y la segunda es casi imposible de cumplir incluso para los emblemáticos más antiguos. Ninguna de las dos tiene que ver con resultados y ambas están al margen de la Ley de Aseguramiento de la Calidad, que señala siete condiciones para la excelencia, todas relativas al aprendizaje, el liderazgo de los profesores y directivos, el cumplimiento de estándares de calidad, etc.

Hemos perdido años en una reforma educacional que ha cumplido solo con una promesa: bajar de los patines a miles de niños y jóvenes que han trabajado duro en su rendimiento académico, porque sueñan con llegar a la universidad. Entonces, es de una infinita mezquindad que, habiendo frustrado la oportunidad de una mejor educación para todos, el Gobierno con más alto rechazo ciudadano desde el retorno a la democracia se permita atropellar las legítimas aspiraciones de una clase media que se ha ganado con su esfuerzo el derecho a asegurar una mejor vida para sus hijos.

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile

@isabelpla

Fuente: ellibero.cl

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