Opinión

Pobreza y desigualdad: Chile contra la corriente

La Crisis Económica Internacional, que se inició el 2008 y que se extendió hasta el 2013, tuvo un severo impacto, no sólo en el crecimiento, sino también en la distribución del ingreso y los niveles de pobreza en los países de la OECD, tal como lo reportó un informe recientemente publicado por dicho organismo.

En efecto, la tasa de crecimiento promedio de los países de la OECD en el período 2009-2013 alcanzó sólo un 0,8 % anual, es decir apenas la tercera parte del promedio de 2,4 % del quinquenio anterior (2003-2008).

Pero además de este estancamiento económico, la crisis también deterioró la distribución del ingreso, medida por el coeficiente Gini, e incrementó la pobreza, relativa y absoluta, en la mayoría de los países.

Esta negativa situación contrasta, sin embargo, con los positivos resultados registrados por nuestro país.

En efecto, en el período 2010-2013 Chile alcanzó una tasa de crecimiento promedio de 5,3%, liderando junto a Turquía a los países de la OECD y superando largamente el 3.3% del cuatrienio anterior.  Más aún, fuimos uno de los tres países entre los 33 de la OECD que – contra la corriente – pudo simultáneamente mejorar la distribución del ingreso y reducir la pobreza en todas sus medidas, contrario a lo ocurrido entre los años 2006 y 2009 cuando ambos indicadores experimentaron un significativo retroceso.

El reporte también señala que en la mayor parte de los países de la OECD cayó el ingreso disponible de los hogares entre 2007 y 2011, situación que se agudiza entre los más vulnerables. En el caso de Chile, en tanto, se dio justamente la dinámica contraria. Mientras el ingreso de los hogares del 10% más rico creció en promedio un 2,7% anual, en el caso del 10% más pobre creció un 4,9% anual, el mayor incremento por lejos entre los países del grupo.

Aun cuando todavía queda mucho por hacer en esta materia, Chile sigue siendo el país con peores índices de distribución del ingreso de la OECD,  estos alentadores resultados  obedecen en gran parte a la capacidad que demostró nuestro país, no sólo para recuperar su capacidad de crecimiento, sino también para crear más de un millón de empleos, incrementar los salarios en torno al 3% real anual, crear más de 250 mil nuevos emprendedores, incrementar fuertemente la inversión, detener la caída de la productividad y recuperar los equilibrios fiscales.

Hoy, mientras los países de la OECD muestran señales de recuperación, en Chile se observan preocupantes signos de debilidad en todos estos factores que permitieron a nuestra economía la trilogía virtuosa de alto crecimiento, disminución de la pobreza y mejoramiento en la distribución del ingreso.  En efecto, en los últimos meses se ha observado un deterioro en el crecimiento y el empleo.  Los salarios y el consumo se están estancando, la inversión está cayendo y los equilibrios fiscales se están debilitando.

No podemos perder de vista que alcanzar el desarrollo y construir un país más justo y sin pobreza sigue siendo un desafío pendiente. El informe de la OECD correctamente apunta al empleo como factor central para reducir la pobreza. Es por ello que resulta fundamental mantener una vigorosa capacidad de crecimiento y creación de empleos, y avanzar en  paralelo en mejorar la calidad de la educación, invertir más en ciencia y tecnología, promover la innovación y el emprendimiento, impulsar una política social que apunte hacia eliminar la pobreza y  una mayor igualdad de oportunidades y modernizar y flexibilizar el Estado. Consolidar estos pilares es lo que permitirá a Chile seguir avanzando, contra la corriente, hacia una sociedad con más oportunidades, sin pobreza y con menores niveles de desigualdad, en la que todos sus miembros puedan desarrollar sus talentos y ejercer sus libertades.

Fuente: Avanza Chile

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