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Rusia 2018: La mágica Bélgica

Luego del fracaso en la Eurocopa 2000, el formador Michael Sablon diseñó un proyecto que cambió el paradigma del fútbol en ese país y que lo elevó a potencia mundial.

El duro golpe que significó la eliminación de Bélgica en la primera ronda de la Eurocopa 2000 que organizó junto a Holanda se convirtió en una oportunidad. Así lo entendió Michael Sablon, ayudante de Guy Thys en los Mundiales de 1986, 1990 y 1994, quien se abocó a diseñar un proyecto a largo plazo que pusiera a la Selección en los primeros planos a nivel planetario.

“La forma en que Bélgica había sido eliminada simplemente no era aceptable. El equipo tocó fondo. Había un vacío de calidad y había que hacer algo”, expresó Sablon al periódico Bleacher Report.

Desafió al profesor Werner Helsen, del departamento de Control de Movimiento y Neuroplasticidad de la Universidad Católica de Lovaina, para definir la mejor forma de juego. Helsen y seis estudiantes analizaron 1.500 horas de metraje, centrándose en las articulaciones del juego: pases cortos, el número de toques de cada jugador, acumulación y bola larga. De este modo, llegaron a un lapidario diagnóstico: los niños tocaban muy pocas veces la pelota en los partidos. “En juegos de 11 contra 11, los jugadores jóvenes tocaban la pelota dos veces en 90 minutos”, añadió Sablon.

Identificado el problema, el entrenador planteó tres ejes para sentar las bases de un nuevo proyecto: todos los equipos superiores a la categoría cadete (14-15 años) debían utilizar el 4-3-3 como sistema madre; las categorías alevín (entre 10 y 11) e infantil (12 y 13) cambiarían su reglamento, con el fin de potenciar la capacidad técnica de los jugadores. En la primera se enfrentarían equipos de cinco jugadores. Mientras que en la segunda, serían siete contra siete. Y, por último, darles cabida a todos los niños hijos de extranjeros que, hasta ese momento, eran discriminados.

El programa también tuvo la ayuda del Estado y de la Real Federación Belga. En tanto, el Standard Lieja invirtió casi 20 millones de euros para crear una academia para nuevos talentos.

El éxito del proyecto comenzó a dar sus frutos algunos años después. Bélgica se convirtió en un país exportador. Algunos, ni siquiera llegaron a debutar en su país. Ejemplos hay varios. Uno de ellos, Eden Hazard, quien partió al Lille francés con 14 años.

De a poco fueron apareciendo apellidos de inmigrantes en el equipo: Lukaku y Kompany, de origen congoleño; los marroquíes Fellaini y Chadli y Ferreira Carrasco, de sangre portuguesa-española.

En 2014, de la mano Marc Wilmots, Bélgica llegó a cuartos de final en Brasil y en 2016 a la misma instancia en la Eurocopa. Sin embargo, con el hispano Roberto Martínez en la banca, rompió todos los paradigmas y hoy sueña con su primera final del mundo.

 

 

FUENTE: LA TERCERA

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