Opinión

Tu cielo azulado, por José Ramón Valente *

La contaminación del aire en Santiago y otras grandes ciudades del país se ha vuelto tema obligado en las últimas semanas. Basta con mirar por la ventana para darse cuenta que la cosa es seria. Tan seria, que las autoridades decretaron este lunes emergencia ambiental por primera vez desde 1999. Lo que resulta sorprendente es que las autoridades insistan en la restricción vehicular como principal medida de mitigación.

Como ocurre últimamente en Chile con muchas de las políticas públicas que implementan las autoridades, no existen, o no nos han sido presentados los estudios que demuestren la efectividad que tiene la restricción vehicular en reducir la contaminación. Más aún, existe en otros países evidencia en la dirección contraria. Por ejemplo, en México el Plan “Hoy no Circula” implementado hace más de 25 años, no sólo ha fallado en mejorar la calidad del aire, sino que ha aumentado el número total de autos en circulación. Para otros países como China, Brasil y Colombia, con su plan “Pico y Placa”, tampoco hay evidencia de que las restricciones vehiculares hayan tenido éxito.

En Chile, llama la atención que los autos (catalíticos y no catalíticos) representen menos del 5% de la contaminación en invierno en Santiago, mientras que el uso de leña es casi un 50% según estimaciones de la Unab. Es decir, mientras la supervisión del uso de leña mojada y de las chimeneas fuera de norma parecerían ser medidas más efectivas para reducir la contaminación, las autoridades prefieren intentar tapar el sol con un dedo.

La restricción vehicular no sólo es una medida poco efectiva y discriminatoria, también es regresiva. En efecto, la gente de menores recursos se ve más afectada por la restricción vehicular que las personas de mayores ingresos. Mientras los sectores de altos ingresos pueden acceder a más de un auto o a movilizarse en taxi, las personas de ingresos medios y bajos se ven obligados a paralizar o utilizar un sistema de transporte que es deficiente.

Otro aspecto negativo de la restricción vehicular es que incentiva artificialmente el crecimiento del parque automotor. Es decir, en el largo plazo una medida supuestamente diseñada para reducir la contaminación, termina por aumentarla.

Finalmente, no podemos olvidar que la restricción vehicular a los autos de sello verde es una promesa incumplida del Estado de Chile con sus ciudadanos. El Estado ofreció a la gente pagar más caro por autos no contaminantes a cambio de no tener restricción y ha incumplido dicho acuerdo. Los automovilistas hoy pagan tres veces por no contaminar. Pagan por autos con normas estrictas de no contaminación (Euro 5), pagan el impuesto verde que se introdujo en la reforma tributaria del 2014 y, además, pagan no pudiendo circular en días de restricción.

En definitiva, la restricción vehicular afecta de mayor forma a los más pobres, aumenta artificialmente el parque automotor, no disminuye (significativamente) la contaminación, genera un perjuicio económico a millones de personas que utilizan su auto para trabajar y, por último, es una burla del Estado a sus ciudadanos.

*Economista

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